domingo, 17 de septiembre de 2017

Fanatismo, una tentación

 


Un recuerdo muy lejano, del País Vasco. Cuando la ETA estaba en todo su esplendor, con actividades y presencia en la prensa casi todos los días, le oí una vez a un Hermano Jesuita, puramente vasco, malhablando un castellano lleno de infinitivos y monosílabos:

- ETA, sí tener vocaciones. Nosotros, no.

Se dolía el Hermano de la falta de vocaciones a la Compañía de Jesús, en un tiempo en que el entusiasmo por la ETA prendía fuerte en los jóvenes.

Muchos años después, la Compañía de Jesús ha persistido, sin que le falte un pespunte anual de vocaciones, y la ETA ha desaparecido.

El fanatismo es tentador y seductor. Prende fácilmente en los jóvenes y en el pueblo, todos atraídos por su radicalismo, por sus ideas extremas presentadas sin matices.


El yihadismo, también entusiasma
He recordado mucho la anécdota del Hermano vasco, al comprobar el entusiasmo que el yihadismo ha logrado provocar en los jóvenes musulmanes catalanes. Javier Cercás ha intentado acercarse a la mentalidad de estos jóvenes: "adecuadamente envenenados por una ideología, las mejores personas pueden cometer las peores maldades", es el resumen de su artículo (Carta robada en Ripoll, El País Semanal, 10 Septiembre 2017).

Las ideas radicales prenden en los jóvenes, provocan vocaciones . Ha causado general sorpresa el conocer que un imán logre convencer y radicalizar a unos jóvenes, estimados casi como modélicos por sus compañeros de clase españoles. El fenómeno, con todo, está ahí, se ha producido de hecho. Las fanáticas ideas extremadamente radicales se han hecho carne en estos jóvenes y les han dinamizado a realizar lo que para los demás parecen atrocidades.


Difíciles límites del fanatismo
El problema está en que las fronteras del fanatismo no están bien delimitadas. No están bien definidos los límites entre el extremismo -más o menos radical- y el fanatismo.

Al fanático le da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) dos acepciones: 2. El preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa. 1. El que defiende con tenacidad desmedida y apasionadamente, creencias u opiniones religiosas.

¿Cuándo se dan estas condiciones extremas? Actualmente, es un hecho que las instituciones religiosas más severas y extremas (mantenimiento del hábito o la sotana, literalismo en la interpretación de las reglas y constituciones, acortamiento de las relaciones con la familia, rigor en la moralidad, etc.)provocan más seguidores y vocaciones que las que han suavizado toda la normativa para intentar acercarse más a la modernidad. Así, las Hermanitas de la Cruz, las Religiosas que estaban en Lerma y han constituido ya su propia Congregación, los mismos Neocatecumenales o el Opus Dei. Es claro, con todo, que todas estas instituciones, siendo ortodoxas dentro de la Iglesia y no cayendo por tanto en el fanatismo, se inclinan más por la severidad y el extremismo que por la acomodación y la suavidad, aunque algunos casos extremos de fanatismo sí ha habido que han caído en la total descalificación.

La no definición clara de fronteras entre el fanatismo y el extremismo dificulta los diagnósticos, pero la tensión entre estos dos extremos ofrece pistas para la interpretación y valoración de las realidades concretas.


Realidad catalana actual
¿Es el fanatismo la clave para interpretar la actual situación de Cataluña? Ciertamente, la interpretación de la legalidad que ahora están aplicando los gobernantes de Cataluña se ha convertido en extrema, creando una normativa al margen y en contra de la que ha sido hasta ahora legalidad de todos los españoles (aunque ellos digan que los fanáticos son los que no aceptan sus extremas líneas de actuación). Dice el DRAE que "fanatizador" es "el que fanatiza" y que "fanatizar" es "provocar o sugerir el fanatismo". ¿Es esto lo que está ocurriendo ahora en Cataluña? ¿Es el fanatismo la clave para entender lo que allí está ocurriendo?

El tiempo dirá la última palabra. La ETA, la que generaba más vocaciones, ha dejado ya prácticamente de existir. Los jóvenes yihadistas extremos han muerto o están en la cárcel. El fanatismo, a la larga, no sigue adelante, no triunfa. El tiempo dirá rotundamente dónde está ahora el fanatismo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Procesión de la Patrona

La solemne procesión de la Patrona de Huelva por las calles de la ciudad es un acontecimiento destacado, que me ha impresionado mucho. En estos días, se celebran además procesiones patronales en otras muchas ciudades. El fenómeno desbordante merece una reflexión.


Manifestación ciudadana
La procesión de la Virgen de la Cita, Patrona de Huelva, se ha celebrado en el 25 Aniversario de su coronación canónica, como culminación del Año Jubilar en el que se ha podido ganar el Jubileo Canónico durante todo el año. Una ocasión especial, que no se repite cada año, en el que la Patrona ha procesionado por la calles de la ciudad, hasta la Plaza de la Constitución y el Ayuntamiento, para recibir allí un homenaje popular y ciudadano, y volver después a la Catedral, a la que había sido traslada desde su ermita hace pocos días para la celebración de una solemne novena. La ida y la vuelta, desde la ermita hasta la catedral y desde la catedral de nuevo a su ermita, ha paseado dos veces más a la Virgen por las calles de forma también multitudinaria.

Los detalles de esta procesión son privativos de la ciudad de Huelva, pero el fenómeno masivo de una procesión patronal ofrece un interés más universal. La manifestación popular que supone una procesión patronal se repite en otros muchos lugares.

Por lo pronto, impresiona la majestuosidad de la comitiva. Tras la cruz de guía y una primera numerosísima banda de música, sigue el desfile de todas las hermandades y asociaciones religiosas de la ciudad. Esto es tal vez lo que más impresiona, no sólo por las muchas decenas de estandartes e insignias desfilantes, sino por las personas que acompañan a cada institución. En esta larguísima comitiva desfilaban probablemente varios miles de personas. La representación en algunos casos era exigua, pero en la mayoría era muy numerosa, y siempre iban todos los participantes elegantemente vestidos, en muchos casos con trajes de gala los hombres y con peineta y mantilla las mujeres. (El largo recorrido de muchos centenares de metros de esta comitiva tan numerosa ya invita a la reflexión de por qué tanta gente se siente motivada para engalanarse de esta forma en una tarde todavía de verano). En la procesión sigue la representación escalonada de las diversas autoridades militares y civiles -el Alcalde socialista, con impecable chaquet y cortejado por maceros-, para terminar con la representación de la Junta de la Hermandad de la Cinta, en el momento actual Comisión Gestora. Tras el grupo de turiferarios y la nube de inciensos, el paso con la pequeña imagen de la Virgen de la Cinta -imagen de procesión, pues el original de la Virgen de la Cinta es un cuadro-, constantemente mecida por los costaleros escondidos bajo el paso. (También los costaleros plantean el interrogante sobre el por qué de su interés y de su hercúleo esfuerzo). Al final, el Obispo revestido y acompañado de dos sacerdotes clausura todo el cortejo.


Esta procesión es evocada al día siguiente por el periódico local Huelva Información con destacada llamada y foto en primera página, más cuatro páginas interiores completas, con información escrita y reportaje gráfico de 11 fotografías (de él, las aquí reproducidas). El tono de texto informativo bordea la épica: "La Virgen de la Cinta lució todo su esplendor en una procesión histórica por las calles céntricas de la capital en la antesala de su festividad (el 8 de septiembre es la fiesta, y el 7 fue la procesión). Un recorrido histórico en un marco incomparable... La Virgen aparecía engalanada con 2.000 nardos, rosas de pitiminí en las jarras y variedad de rosas en las esquinas... La Patrona llevaba la Medalla de la Ciudad que se le impuso el día de su coronación... El Niño llevaba la Medalla del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva... La hora no entiende minutos ni de colores en el cielo...".


¿Qué significa todo esto?
La interpretación de todo este fenómeno popular de Huelva, y el de manifestaciones similares en otras muchas localidades en estos días, no resulta nada fácil.

No resulta procedente ni el panegírico que no contempla las sombras, ni la visión negativa y completamente descalificadora que sólo ve fanatismo o nacionalcatolicismo en todo esto. Las valoraciones extremas no son válidas para la interpretación de este complejo fenómeno.

Un primer aspecto parece claro. Una manifestación de este tipo es religiosa, pero desborda también el ámbito de lo religioso. Todos los miles de participantes en la procesión, desde el Obispo hasta el último monaguillo, no tienen evidentemente el mismo sentido de lo religioso. La interminable comitiva de todas las hermandades y cofradías, lo mas impresionante de todo el cortejo, aportan sin duda una muestra del poderío que en Andalucía tienen estas organizaciones; pero resulta obvio que la participación de todas esta personas no es homogénea, que al amor a la Virgen de la Cinta y a la propia Hermandad se unen también sentimientos y afanes de índole menos religiosa.

Tampoco resulta procedente demandar de los actos de religiosidad popular una integridad que no se exigen de otras manifestaciones religiosas: bodas, Primeras Comuniones, Bautizos o incluso las Eucaristías. Nada es del todo puro, y ninguna manifestación de religiosidad lo es tampoco. La religiosidad popular requiere mucha comprensión sobre la complejidad de sus contenidos.

La ocupación de la calle por un acto religioso, también necesita ser comprendida. El que un gobierno o una autoridad se deba mantener oficialmente de manera religiosamente no confesional, no debe conducir a afirmar que lo religioso no tenga derecho a ocupar ocasionalmente la calle. Lo que se otorga a lo político, a lo sindical, a los defensores de género, a los y las feministas, a los anti-taurinos o a los defensores de cualquier derecho laboral o ciudadano, también tiene derecho a participarlo los defensores de un valor religioso. No hay de ninguna manera que mantener que la religión se deba mantener sólo en las iglesias o en las sacristías. Lo religioso tiene el mismo derecho a ocupar la calle y a manifestarse en público que cualquier otra actividad u opinión humana. Las autoridades no confesionales, incluso, podrán participar en ellas cuando estimen que el tema merece apoyo humano, como ha ocurrido hace pocos días en Barcelona.

En resumen, la procesión de la Virgen de la Cinta ha sido un acto bello, seriamente organizado y rebosante de valores religiosos, populares y ciudadanos. Pero sólo Dios, por supuesto, podrá entrar a juzgar el nivel de profundidad religiosa de cada uno de los participantes.


 
 

viernes, 11 de agosto de 2017

Unos días en Barcelona..., ¡muchas cosas más que política!

 


         
          Pasar unos días en Cataluña, no sé si aclara o confunde aún más la mente del que acude desde otras zonas de España. La situación catalana es más compleja de lo que ofrecen las primeras impresiones. A primera vista, no encuentra uno allí la gente que esperaba sólo obsesionada por el tema político. Cada nueva observación, cualquier ocasional conversación, descubren panoramas nuevos. La síntesis completa, que deje satisfecho de coincidir con todo lo observado, es muy difícil de obtener.

          Ya es tradicional el dicho de que, a la semana de llegar a un país o a un emplazamiento difícil, el periodista es capaz de escribir un libro. Al año, apenas logra escribir un artículo. Y si se lleva un tiempo más largo en contacto co la realidad problemática, ya se vuelve incapaz de escribir ni una sola línea. Con la insensatez de sólo unos cuantos días en contacto con la compleja realidad catalana, unas cuantas primeras impresiones.


Más que política
         Barcelona es una realidad deslumbrante, "ciudad de los prodigios" la llamó un novelista. Da impresión de tener una vida social muy rica. La ciudad funciona, al menos aparentemente. Los medios públicos llegan muy regularmente. Por las mañanas, se ven más basureros -muchas mujeres, personas de color frecuentes- de lo normal en otros sitios, al menos en el "barrio bien" en el que he pasado estos días.

           Fuera de Cataluña, hay personas a las que les fastidia que los catalanes hablen catalán. Creen que lo hacen por motivaciones políticas. No comprenden que es una necesidad plenamente adquirida, que se sienten más cómodos expresándose en la lengua que aprendieron cuando eran niños.

          Ahora se me ha hecho evidente un detalle. La rotulación de los indicadores no es una moda de hace pocos años. En las instituciones y en los negocios, todo esta en catalán, bien rotulado en carteles nuevos y antiguos, ocasionalmente incluso ya ajados. Particularmente impresionan los letreros de las calles, más frecuentes y mejor cuidados que en otras ciudades: en todas las esquinas hay un letrero, en los comienzos de calle con una somera explicación de quien el es personaje que da nombre a la vía, todo en perfecto catalán. Una práctica tan pulcra y tan extendida no se improvisa, no es una ventolera que se le haya ahora antojado a la alcaldesa de turno.

         Otro detalle que me ha llamado la atención es la perfección del diseño. Unos carteles tan bien estructurados, con letras tan bellas como fácilmente legibles, suponen una posesión del diseño, que simultáneamente manifiesta el arraigo del catalán omnipresente y el dominio de un arte que más acierta cuanto menos se nota su artificio.

         Aparentemente, ya he dicho que la ciudad funciona bien, y lo hace en catalán dejando claro que el uso de su idioma no es una moda o un reciente imperativo político, sino la expresión popular de costumbres inveteradas. Podría parecer que esta región, Barcelona al menos, es mucho más, no está centrada en la política. Que la política es una tarea que ocupa sólo a la clase política, pero que -para el conjunto de la ciudadanía- éste es un problema más, para muchos no seguramente el más absorbente.


Pero también política
          Que la ciudad y la región no "pasan" de la política lo pone de manifiesto la votación alta en las elecciones y, más aún, la salida multitudinaria a la calle de las ciudades en las impresionantes manifestaciones de las "diadas". También, el conjunto tan numeroso que apoya en la calle el nacionalismos y, sobre todo, el bloque mayoritario en el Parlamento -personas serias, bien preparadas la mayoría-, sin fraccionamientos ni claudicaciones, sin dejar resquicio para las opiniones tan poco evidentes para los que no piensan como ellos.

          En este viaje, me ha sorprendido mucho la conversación mantenida con un taxista clarividente. Los miembros de este gremio (según me dijo, en Barcelona, los taxistas llegan a 10.500 personas), por ser ellos casi todos patronos, suelen ser muy de derechas. El taxista con el que en esta ocasión he conversado, al "picarle la antífona" diciéndole que -en una ciudad tan organizada- la gente parece "pasar" de la política, me sorprendió con una tajante sentencia: "en cuestiones de identidad, no se puede `pasar´". Perfectamente informado, expresándose con precisión, con una lógica no carente de pasión, razonó que Cataluña no puede dejar de ver que está injustamente tratada; que el gobierno central no quiere su independencia, porque se está aprovechando de su mayor contribución económica; que es cierto que Europa no va a permitir ahora su independencia (España, que es miembro de derecho, protestaría, porque dejaría de percibir su importante aporte económico), pero que Europa le va a presionar ahora sin duda a España para que sea más justa con Cataluña.
Personalmente, el taxista dice no fiarse de los políticos, porque todos miran sólo por sus intereses; pero que él, antes de tomar opiniones, mira lo que dicen los medios de comunicación de otros países, que todos presionan ahora a España para ser más comprensiva y más justa con Cataluña. Al decirle que en otros puntos de España no se ven las cosas de la misma manera, reconoció conocer estas opiniones por tener un yerno de Jaén con el que habla mucho de todo esto. Su valoración final estaba clara: "todos miran as cosas de acuerdo con sus propios intereses".

         Una golondrina no hace verano, y una opinión no puede condicionar una valoración global. Gente más despreocupada, también he encontrado. No debe ser un tema fácil para ser tratado. Incluso en las familias, cuando no hay acuerdo, se prefiere el silencio.


Y la Iglesia, ¿qué?

         El poderío de la Iglesia en Cataluña llama la atención. Los templos son suntuosos, algunos realmente espectaculares. Los edificios de los colegios de religiosos -Jesús María, La Salle, Jesuitas, los he visto estos días- son más majestuosos que los que sus Congregaciones tienen en otras ciudades. La arquitectura certifica la importancia que la Iglesia católica ha tenido siempre en Cataluña.
La descristianización, he oído ser mayor en Cataluña que en otras regiones españolas. Su cercanía a su tierra, con todo, es muy estrecha en la Iglesia catalana. Un detalles significativo, observado en estos días. Un monasterio de monjas de clausura de Sarriá, a las ocho de la mañana, se disponía a cantar Laudes, con la Iglesia vacía; el único oyente seglar, antes de empezar, me animó a quedarme: "Cantan perfectamente en catalán". En estas monjas no hay intención política alguna: cantar en catalán les ayuda a entenderse mejor con su Señor.

         La palabra pública de la Iglesia en Cataluña no resulta nada fácil. La mera convivencia intereclesial e intercomunitaria, tampoco será siempre fácil. Un reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Catalana intentaba claramente la moderación, pero ha sido criticado por algunos de dar la razón a los independentistas (Tras mi vidriera, 2 Junio 2017: Respeto pero no comprendo). La descristianización avanzante, con todo, no es incompatible con grupos muy sensibilizados, con reductos eclesiales ejemplares.

          ¿Qué va a ocurrir en el futuro? El gran templo de la Sagrada Familia puede ser todo un símbolo. Una maravilla de arte. Una incuestionable manifestación de la fe de Gaudí, pero también un monumento ya más turístico que religioso. Algunos ya han pedido que los actos de fe se sigan celebrando en la vieja catedral gótica y que se deje la Sagrada Familia para los grandes eventos culturales.

          ¿Encontrará su equilibrado camino de futuro la Iglesia catalana?

lunes, 31 de julio de 2017

Patria, novela espléndida y apasionante testimonio sobre el mundo vasco








         Cuando un libro se vende mucho, es por algo. Que la novela Patria lleve tanto tiempo entre las más vendidas, que ocupe un puesto de honor en los escaparates, que sea además realmente leída por los que la compran, todo esto indica que esta novela ha logrado conectar con la mentalidad de sus lectores y se ha convertido en un referente para los que intentan saber algo más sobre el tema vasco.

Ante todo, buena novela
          En la Feria del Libro del presenten año, por San Jordi, me sorprendió que el novelista Fernando Aramburu se mostraba satisfecho porque en esta ocasión acudían a él como literato, no tanto por ser intérprete del problema vasco. Desconozco su abundante producción literaria anterior –mucho menos conocida-, pero desde luego con Patria ha irrumpido como un autor muy maduro, con una obra que ha dado en la diana del éxito literario.

         La novela está escrita con mucho mimo. Estructurada nada menos que en 125 pequeños capítulos, cada uno es un acercamiento directo a uno de los nueve personajes que configuran las dos familias protagonistas de toda la historia. Normalmente, hay varios capítulos seguidos dedicados al mismo personaje, para que se siga mejor la trama y no sea una sucesión abigarrada de historias desconexas, haciendo imposible captar la atención y ser fácilmente recordada.

         Sorprende el manejo prodigioso del tiempo, ese factor literario tan difícil de usar sin crear confusión. Arranca del momento en el que la ETA anuncia el abandono de las armas, y éste se constituye así en el tiempo real de la novela. Pero cada capítulo vuelve continuamente a los diversos momentos del pasado, desde los tiempos en que las dos familias protagonistas de la historia estaban estrechamente unidas por la amistad y los hijos eran todavía niños y jóvenes hasta los sucesivos acontecimientos entrelazados que van configurando la trama de la apasionante historia. Al hecho central -la muerte por ETA del cabeza de una de las dos familias, el personaje del económicamente bien situado industrial Txato, tan bien dibujado a retazos- hay un acercamiento múltiple y progresivo desde los distintos personajes, cada uno aportando una mirada afectiva diferente y una descripción de los hechos complementaria y diversificada.

         Está muy logrado el uso prácticamente indistinto del estilo directo, con las frases -completas o incompletas- de los diversos personajes, dentro de la narración que se realiza desde el interior del protagonista de cada uno de los capítulos. El efecto que se produce es una inmersión completa del lector en la trama de lo que se está narrando, a través de los tiempos diversos y de los sentimientos y emociones que en cada momento está viviendo el personaje. Todo desde la máxima concreción, sin escapadas a la abstracción o a lo intemporal, introduciendo al lector en escenas concretas de la vida de los personajes con los que termina fuertemente identificado.


Apasionante mirada al problema vasco        La novela no pierde nunca la intensidad, no se desperdiga a pesar de su extensión. Lo que suministra unidad a todo el relato -646 páginas, incluidas las 4 utilísimas del Glosario de términos vascos, no frecuentes pero sí oportunamente utilizados- es la muerte de Txato y, a través de este hecho bien concreto, el omnipresente problema vasco, como telón de fondo al que todo revierte.
Da la impresión que el novelista ha hecho un gran esfuerzo por acercarse a la totalidad del problema vasco, con toda su complejidad y con todos sus múltiples elementos implícitos.

         La novela no es un panfleto, con buenos y malos estereotípicamente descritos. No se usan los términos gruesos, tan frecuentemente utilizados por los medios para hablar de los personajes o de los hechos de la ETA –criminales, asesinos, canallas, viles, descerebrados, etc-, con un evidente intento de comprensión desde dentro de todas las caras del problema. Es claro que el autor no es un radical abertzale y que considera la muerte del personaje como un asesinato –símbolo del millar aproximado de muertes producidas por el enfrentamiento entre vascos- pero no se acerca al hecho siempre de la misma manera y, desde cada personaje, se contemplan los hechos con miradas muy diferentes intentando elaborar una reconstrucción lo más completa posible del fenómenos vasco.
Así, el lector termina la novela con una visión más completa del vibrante tema vasco, tal vez menos apasionada pero desde luego más compleja y más diversificada. Y esto facilitado no desde discursos teóricos sino desde la descripción personal de la gama muy diversa de los nueve personajes de la novela.

         Del problema vasco, se podrían escribir -y se han escrito- múltiples posibles libros. Si éste ha logrado más éxito y ha llegado a más gente, estoy convencido que es por su valor literario. Con un conocimiento grande del tema, vivido personalmente, ha conseguido plasmarlo en una trama concreta: una muerte inventada, literaria, y un pueblo sin nombre, un Macondo vasco, también fruto de la imaginación, muy concreto pero sin identificación con ninguno de los pueblos de la geografía vasca. Eso sí, con infinidad de detalles de los personajes y de la vida real vasca, sabiendo estructurar la historia y darle verosimilitud a los personajes por la subyacentemente artística concreción con que todo está narrado.

Lo religioso, también presente
         Los diversos aspectos de la vida vasca (la política y los partidos, el trabajo y la industria, la prensa, el deporte…), no están tratados aisladamente y por separado, con descripciones y consideraciones expresas sobre cada uno de estos aspectos, sino desde lo que viven o afirman cada uno de los nueve personajes en torno a todos estos variados aspectos.

         Lo religioso está tratado igual, desde los diversos personajes, pero se vuelve a ello abundantemente.

         Miren, el personaje más radical en su vasquismo independentista, la madre del etarra encarcelado Joxe Mari, es practicante religiosa fiel, siempre cumplidora de la misa dominical, con amistad con el párroco, con una peculiarísima devoción a San Ignacio de Loyola, el santo vasco a quien considera uno de los suyos.

        Su antigua amiga y luego tratada por ella como enemiga, como loca, Bittori, estuvo en su juventud como Miren a punto de ingresar en la vida religiosa, pero las circunstancias adversas de su vida le han hecho abandonar la práctica religiosa (“nada más ver al Txato en el ataúd, su fe en Dios reventó como una burbuja”), y se ha vuelto descreída; en la práctica, llegar a condicionar su presencia a la boda de su hija Nerea en la catedral de San Sebastián “a que no oficiase el obispo”, sin dar su nombre (“dijo que ese señor sólo practica la misericordia con los asesinos, que por favor no lo nombraran estando ella delante porque se le revolvía el estómago y que principalmente por él había perdido la fe”).

         Los distintos hijos son más descreídos y menos practicantes, como es normalmente la juventud, pero de todos se detalla en algún capítulo su postura ante la religión.

         El párroco del “pueblo”, don Serapio, no es mal sacerdote y llega a oficiar el funeral de Txato, pero actúa como mucho más cercano de los personajes de la novela independentistas que a los que condenan la independencia y el terrorismo. A Gorka, el hijo de Miren, escritor acreditado en vascuence pero menos próximo al independentismo, le pide que “pongas tus capacidades al servicio de nuestro pueblo”; y concreta, “cuando tu escribas es Euskal Herria la que, desde dentro de ti, escribe”.

        La confusión que para algunos existe en lo religioso en todo lo referente al tema vasco está bien referido en la novela, con unas relaciones no enfrentadas y con una cercanía entre la Iglesia y los nacionalismos que algunos preferirían que no existiese.

El retratista retratado
         Esta novela incluye un singular testimonio sobre la propia novela (páginas 550-553). Como siempre de forma concreta y sin discurso teórico, recogiendo las palabras que “un escritor” pronuncia en unas Jornadas sobre Víctimas del Terrorismo y la Violencia Terrorista y que Xavier, el hijo médico de Bittori, tal vez más indeciso y caviloso de los nueve personajes, va a escuchar porque sabe que va a intervenir el juez que dictó sentencia en el caso de su padre.

         Entrelazadas con partes narrativas sobre lo que Xavier va viendo en el acto, el escritor presenta la supuesta obra suya que está presentando como “uno de los libros que van creciendo con uno a lo largo de los años en espera de la ocasión oportuna de ser escritos”. Se pregunta por qué de joven él no ingresó en ETA, habiendo estado sometido a toda la propaganda “favorecedora del terrorismo y de la doctrina que lo fundamenta” y se extiende en comentar lo que ha querido hacer y lo que ha querido evitar al escribir su libro. Evitando “los tonos patéticos, sentimentales” y “la tentación de detener el relato para tomar de forma explícita postura política”, el escritor dice haber escrito “contra el crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio, y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias”.

        La sordina a esta algo ampulosa declaración, la pone Xavier,que, al escucharlo, se formula que “no cree que nada vaya a cambiar sustancialmente porque alguien escriba libros”, pero el testimonio del escritor tiene el claro aire de las confesiones innominadas de lo que ha pretendido el real escritor, Fernando Aramburu.


 


jueves, 20 de julio de 2017

Cábalas sobre la no renovación de un cardenal

La no renovación del cardenal Gerhard L.Müller, al cumplir cinco años como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, y el nombramiento para este puesto del Arzobispo jesuita Luis Ladaria, hasta ahora Secretario de esta misma Congregación, ha vuelto a agitar las aguas de la Amoris Laetitia, la gran Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el amor conyugal. La noticia fue incluida en su día en todos los medios y ha sido posteriormente extensamente comentada en los órganos de información religiosa.

Se ha insistido en que la no renovación en el cargo no es un acto meramente rutinario, sino que significa un ponderado golpe de timón del Papa Francisco. La política vaticana es sinuosa y siempre muy difícil de dominar e interpretar, pero el aprovechamiento para la no renovación del cumplimiento del periodo para el que una persona ha sido nombrada en un cargo, que en otros contextos podría considerarse normal, en este caso al menos también significa que el Papa ha tenido la paciencia y la prudencia de mantener en el cargo hasta el final de su mandato a un cardenal menos afecto a su línea de actuación, sin provocar un cese precipitado que en los tiempos anteriores siempre habría podido también hacer.

Cábalas y comentarios
La no renovación del cardenal Müller ha provocado ahora múltiples comentarios. Cuando se produjo, la noticia fue publicada en todos los medios. Posteriormente, los órganos de información religiosa le han prestado también atención y comentarios.

El normalmente moderado Director de Vida Nueva, José Beltrán, en su columna semanal en la revista (nº 3.044, 15-21 Julio 2017), ha comentado: "Desde que Francisco no le renovara en el cargo, ... el cardenal Müller ha concedido unas cuantas entrevistas. No una ni dos. Y en ellas no ha dudado en cuestionar al Papa y a sus hermanos cardenales. Sin pudor. Preocupante pataleta. Me apena. Más aún cuando manifiesta su interés por continuar en Roma sin misión específica alguna, pese a que dice 'tener mucho trabajo' allí. Con esta incontinencia verbal, el purpurado no hace sino justificar su cese tras cinco años al mando del ex Santo Oficio. Todo argumento perdido"

Postura del Papa
La postura de Francisco en la Exhortación "La alegría del amor" es la que no han sabido entender los que posteriormente le han criticado.

En loa siete primeros capítulos de su escrito, el Papa hace una entusiasta defensa de la doctrina más tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio cristiano. No creo que exista un comentario más bello y más humano de lo que dice San Pablo sobre el amor (1ª Corintios 13, 4-7) que el que desarrolla Francisco en el largo capítulo 4º de su escrito. Es lástima que este inapreciable breve tratado sobre el amor de la Exhortación papal haya quedado de alguna manera desplazado y minusvalorado, porque la atención se ha centrado en lo que dice después sobre los temas más discutidos.
En el capítulo 8º, en efecto, el Papa intenta "acompañar, discernir e integrar la fragilidad" de los que sufren por vivir en situaciones muy difíciles, muy frecuentemente irreversibles. Los que no aceptan sus críticos es que Francisco haya hecho un "discernimiento de las situaciones llamadas 'irregulares'" rompiendo en algunos casos el carácter absoluto de la indivisibilidad matrimonial y contemplando la posibilidad de ejercer la misericordia y el perdón en algunos casos que alguna autoridad eclesial llegue a considerar como imposible de ser arreglados y como merecedores de una nueva reclasificación. Absoluto sólo es Dios y, si en algún caso un análisis ponderado concluye que resulta recomendable un nuevo planteamiento, Francisco no descarta la nueva revaloración del tema.

Basado en la "sólida reflexión" de la Iglesia posee sobre "los condicionamientos y las circunstancias atenuantes" en algunos casos extremos, el escrito papal concluye que "ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada 'irregular' viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante" (Amoris Laetitia, 301),  y privados también, por ello, de la posibilidad de perdón en el sacramento de la Reconciliación y de la posterior participación en la Eucaristía. El peso retirado de ciertas conciencias con estas afirmaciones sólo la puede valorar el que ha pasado o ha acompañado estas circunstancias tan dolorosas.

Trasfondo de la no renovación
Los defensores del carácter absoluto a ultranza de la indisolubilidad matrimonial no han sabido valorar el difícil equilibrio de esta postura papal. Algunos repiten sin más análisis que en este escrito no hay nada nuevo, que el Papa repite lo de siempre. Otros sin embargo, cayendo en la cuenta de la novedad, pasan a la crítica directa a lo dicho por el Papa.

La advertencia también hecha por Francisco de que "aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma", porque "las normas generales", aunque "presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar", sin embargo "en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares"(Amoris Laetitia, 104). Los defensores del carácter siempre irrevocable de las normas eclesiales no se han contentado con estas advertencias papales y, más allá de las críticas, cuatro cardenales han escrito una cata al Papa solicitándole una reconsideración de todo este tema.

Esta abierta polémica es la que está en el trasfondo de la no renovación en su cargo del cardenal Müller. No estaba él ciertamente entre los cuatro firmantes de la carta al Papa, pero su papel de muñidor de toda esta forma de pensar siempre ha estado patente, como ha quedado claro en el comportamiento que ha tenido tras su cese y la no renovación en el cargo.

La nueva vía entreabierta por Francisco ha liberado muchas conciencias y le ha permitido a él actuaciones antes imposibles. Con posterioridad a toda esta polémica, el Papa ha recibido a un grupo español de Toledo de separadas y divorciadas. Refiere también José Beltran en la columna ya citada que "me cuentan que (la entrevista con las divorciadas y separadas) fue una terapia de corazón para ellas. Me atrevería a decir (comenta Beltrán) que también para Bergoglio". Me uno a esta valoración tan acertada.        


lunes, 3 de julio de 2017

Una película -¡discutible!- sobre Ignacio de Loyola

 


Una película sobre san Ignacio de Loyola se estrenó hace pocos días en los cines de toda España. ¿Qué hay que decir sobre ella?

Hacer cine religioso es muy difícil. Traducir la espiritualidad en imágenes, resulta una tarea muy ardua. Los que tienen una idea previa sobre el tema, difícilmente la ven reflejada en las imágenes de la película; en cambio, a los que no arrancan de ninguna experiencia previa para el visionado de la película, les cuesta mucho entrar en la problemática espiritual que se pretende poner al descubierto. Para colmo, el que conoce mucho el tema, siempre se sentirá frustrado por los pobres resultados que para él obtiene la película. Todo esto ocurre con esta ambiciosa producción.

jueves, 22 de junio de 2017

Alcalde de PODEMOS condecora a una Virgen

 






          En los viejos manuales de periodismo se decía que la noticia es lo insólito, que un hombre muerda a un perro; y no lo normal, que un perro muerda a una persona. Lo insólito que quiero ahora comentar es que un alcalde de "PODEMOS" haya decidido condecorar con una medalla a una Virgen, Nuestra Señora del Rosario.

          El hecho ha ocurrido no hace muchos días en la ciudad andaluza y carnavalera de Cádiz. El peculiar alcalde de la ciudad, José María González, al que incluso en la prensa todo el mundo denomina como "Kichi", ha tomado la decisión de que el Ayuntamiento de Cádiz conceda la Medalla de Oro de la Ciudad a su Patrona, la Virgen del Rosario. Lo insólito en este caso es que el tal "Kichi" lo ha hecho en nombre del Grupo "Por Cádiz sí se puede", oficialmente vinculado al Partido PODEMOS. La noticia sorprendente se ha prestado a todos los comentarios.

          Comentarios a la concesión de la Medalla
          Se han provocado los comentarios porque sorprende que un dirigente radicalmente laico, no sólo respete una devoción popular, sino que tome la iniciativa de concederle una condecoración civil a esta advocación religiosa.

          Como he visto en un análisis sobre el tema (José Manuel Atencia, en Huelva Información, 11 Junio 2017), lo que produce auténtico bochorno es "la salida en tropel de los dirigentes de PODEMOS para justificar la decisión con argumentos tan peregrinos como insustanciales".

         Pablo Iglesias ha dicho que superó su inicial sorpresa ("me resultó un poco raro, al principio") y lo "entendÍ todo" cuando, al hablar con Kichi, comprendÍ que se trataba de una "medalla laica" y que una decisión de este tipo es comprendida por los "urbanitas de izquierdas", por "respetar las decisiones arraigadas en los pueblos".

         Más alambicado resulta el razonamiento de Juan Carlos Monedero, atribuyendo incluso a la Virgen actitudes ambiguas: "Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja más tiempo para los ricos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste más o menos, hay que respetarlo" . Las explicaciones resultan hasta rocambolescas.

          Este comportamiento de la izquierda oficial se alinea en lo que Antonio Muñoz Molina ha llamado la "Andalucía obligatoria", que produce el fervor indiscriminado por las tradiciones religiosas y folclóricas, "colocándose en primera fila de cualquier acontecimiento, sea una procesión, un carnaval, unas berzas en un barrio o una paella insufrible en mitad de un descampado". Este fenómeno social ha traído como consecuencia el que "nos hemos tenido que acostumbrar a que declarados alcaldes ateos no tengan problema alguno en encabezar el desfile de autoridades delante de una procesión o que haya codazos entre los munícipes para dar el toque de campana a la salida de un trono". Son las conexiones más o menos directas con lo ahora ocurrido en Cádiz.


         Incoherencias clamorosas
         Lo peor de todo esto es la incoherencia, pues lo ahora denodadamente defendido por PODEMOS había sido anteriormente impugnado y hasta llevado a los tribunales por otras fuerza de la izquierda. Han sido abiertamente criticadas y hasta denunciadas la decisiones de conceder la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar, en 2012; la Medalla de Plata de la Guardia Civil a la Virgen de los Dolores de Archidona, Málaga, en 2015; la Medalla del Mérito Policial a la Virgen del Amor, de la Cofradía de N.P. Jesús "el Rico" de Málaga, en 2017; una distinción al Hermano Mayor de la Congregación de Mena de Málaga, en la que el Cristo de la Buena Muerte es Patrono de la Legión, en 2014.

          No resulta de ninguna manera comprensible que ahora se quiera defender precipitadamente lo que anteriormente se había considerado hasta motivo de delito. La confusión de ideas resulta clamorosa, en unos comportamientos tan contradictorios.


         Valoración difícil
         Ojalá el Alcalde de Cadiz haya actuado en esta ocasión de una manera interiormente respetuosa, sólo por ser fiel a la demanda mayoritaria de una población que sí lo pedía con convencimiento. Pero puede haber también mucha superficialidad y falta de respeto, atendiendo inconsideradamente sólo al vocerío populachero. Mezclar las distinciones civiles con las advocaciones religiosas es algo que habrá que esforzar por comprender en los tiempos pasados, pero que resulta cada vez más difícil de encajar en una religiosidad bien formada.

         Para orientarse ante esta noticia realmente insólita -un alcalde de PODEMOS, imponiéndole una Medalla a una Virgen- queda todavía mucho camino por recorrer hasta evitar tanto el arrinconamiento extremo de lo religioso en las sacristías como la persistencia en mezclar malamente lo religioso con las distinciones civiles. Sin mezclas innecesarias y sin empanadas mentales que las sustenten, dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. El dicho de Jesús todavía ilumina los comportamientos que resultan necesarios en el mundo actual.