jueves, 16 de noviembre de 2017

Autobiografía del autor de "Patria"

 


El impresionante éxito literario de "Patria" concede interés a cualquier información procedente de su autor, Fernando Aramburu. El que sean más 600.000 los ejemplares vendidos de "Patria" convierte en interesante una obra anterior suya, en la que se incluyen muchos elementos autobiográficos del autor, válidos también después de la publicación de "Patria". Dediqué hace algún tiempo un comentario a la novela "Patria" (31/07/2017), y ahora me resulta también interesante la atención a este otro libro, que contiene muchos elementos de su autobiografía.

La obra en cuestión fue publicada en 2015, antes de la irrupción exitosa de "Patria", y es seguramente una obra menor. Se llama "Las letras entornadas" (242 páginas) y reproduce en la portada una foto del autor cuando tenía tan solo ocho años, destapando ya con esto la intención del autor de hablar de sí mismo, de contar algo sobre su vida y su pensamiento.


La obra autobiográfica
La urdimbre de la obra es muy sencilla. Es un diálogo semanal con un amigo del autor, un atento viejo, que escucha incansablemente sus recuerdos personales y le invita además a la lectura de escritos anteriores del autor, al tiempo que en cada dialogo le invita a buenos vinos de su extensa y bien depurada bodega personal.

Lo recuerdos personales son muy espontáneos y al parecer veraces, sin que se deje ver el artificio literario, trayendo con sencillez los recuerdos y las impresiones de las treinta y dos catas que realiza sobre diversos momentos de su vida. Al leer estos monólogos con el viejo saca uno abundante información sobre los sucesos, los determinantes históricos, los gustos, los puntos cruciales, los hechos más notable y las impresiones más fuertes, que se han ido produciendo a lo largo de su vida. Estos primeros apartados de cada capítulo son los que constituyen una breve pero enjundiosa autobiografía de Fernando Aramburu.

La segunda parte de cada capítulo es una supuesta lectura de algún escrito anterior del autor, de alguna manera relacionado con el tema desarrollado en la primera parte de sus recuerdos vitales. Estos escritos son muy desiguales, tanto por los contenidos como por la calidad literaria y por la relación con el autor a veces muy lejana y escasa. El añadido de estos escritos me ha resultado mucho menos interesante que la primera parte dedicada al recuerdo de sus vivencia.
La descripción de los vinos que cada día consumen está hecha con mucho gusto, con calidad de buen gourmet, dando cercanía y verismo a lo expuesto en cada capítulo. El artificio global de toda la obra, con todo, se declara en las últimas líneas de todo el libro, desenmascarando que todo el diálogo con el viejo no ha sido más que un diálogo consigo mismo, un artilugio para exponer con más interés sus propias opiniones: sustituyen el estrechamiento de manos por un cálido abrazo, con este diálogo: "Adios, Aramburu, me dijo. Adios, Aramburu, le contesté".


Valoraciones sobre "Patria", antes de ser escrita la novela
A pesar de que he dicho que lo que menos me ha atraído de "Las letras entornadas" son los escritos añadidos a cada recuerdo personal, hay uno concreto que es lo que más me ha interesado de todo el libro. Es un comentario a una obra suya publicada en 2006, "Los peces de la amargura" (242 páginas), que fue un conjunto de diez relatos a modo de retrato coral de la angustiosa situación del pueblo vasco cuando la violencia estaba en su punto más álgido. En este comentario se vierten observaciones y valoraciones sobre esta obra anterior, que constituyen un clarividente anticipo profético de lo que también se podría decir sobre su obra posterior de muchísimo más éxito, "Patria".
Celebra el autor la educación recibida en un colegio confesional católico -aunque en otro capítulo dice que ha perdido la práctica y la vida de la creencia, convirtiéndose en un "ilustrado respetuoso"-, y ofrece un comentario que cualquier vasco se podría formular: "me echo a temblar cuando pienso qué habría podido ser del muchacho que fui, a qué brutalidades y fechorías pudo ser incitado, de no haber sido educado en la compasión ajeno ye en el hábito de la lectura".

Afirma de "Los peces de la amargura" lo que con mucha más razón podría referir a "Patria": "Desde el comienzo de mi vocación literaria, aún joven e inexperto, ... asumí el compromiso de dar algún día testimonio escrito de cómo se vivió, se sintió y padeció individualmente el espantoso derrumbe moral de la sociedad en la que me crié... Cuando redactaba, me embargaba en ocasiones la sensación, nunca hasta entonces por mi experimentada, no tanto de escribir un libro, a la manera de quien crea algo con sus manos, como de sacarlo de dentro de mi. Se conoce que la obra había ido creciendo sin forma definida en mi interior durante los largos años de forzada cercanía a las atrocidades del terrorismo".

La decisión de escribir un libro sobre el tema dice que no supone sólo una "opción moral", sino también una "opción artística", que implica capacidad y aptitud para enfrentarse con el tema creando vida y no sólo moralismo. En concreto, afirma: "Una larga rumia reflexiva precedió, prolongada mientras tuve conciencia de me faltaba madurez y acaso aplomo para abordar el tema con las suficientes garantías, digamos artísticas. Esta cuestión es de capital importancia para mí, puesto que yo no puedo ni quiero escribir contra el arte que profeso, el de la ficción literaria, por muy urgentes que séanlos asuntos sobre los que en un momento determinado desee expresarme".

Manifiesta las opciones concreta que le han conducido a escribir su libro (sus libros, podríamos decir incluyendo a "Patria"): "escribí de propósito contra los hombres que infieren sufrimiento a otros hombres y contra quienes aplauden sus acciones criminales o las justifican, las trivializan o les restan importancia. ... También escribí, con un deseo positivo de comunicación, a favor del arte de la palabra y, en líneas generales, a favor de todo lo bueno y noble que pueda albergar el corazón humano". Dice que su intención siempre ha sido "no incurrir en la retórica del patetismo, ni en la tentación de teorizar, de interrumpir el hilo de los relatos con el fin de tomar de forma explícita postura política". Hace un largo alegato en contra de la "equidistancia", que afirma imposible, "ni ideológica, ni emocional, ni de ningún otro tipo, cuando hay un cuerpo abatido a balazos en la calle, o un ciudadano recibe amenazas, o es extorsionado, o sufre por mano ajena algún daño en su integridad física o en sus bienes". Desde la dedicatoria del libro, dice detestar "la impureza" y, al final afirma que "no necesito más sino amar con entusiasmo la variedad humana".

"Los peces de la amargura" fue también un libro muy valorado: XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y, en 2008, Premio de la Real Academia Española (del discurso de recepción de este premio están sacados los comentarios anteriores, conversado también con el "viejo" que dinamiza este libro). Es un libro más cercano a lo inmediato del terrorismo, con los diez relatos que lo hacen vivo y presente. "Patria", una obra de más volumen y alcance, abarca más toda la realidad del terrorismo, cuando se produce y en las consecuencia que tiene posteriormente en la sociedad vasca.

Los contenidos de "Las letras entornadas" y de "Los peces de la amargura" ofrecen importantes y menos conocidos retazos de la autobiografía del autor de "Patria", que me ha parecido interesante dar a conocer en este comentario.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Condiciones para el diálogo y el discernmiento

 


Nunca se ha hablado tanto de la necesidad del diálogo y nunca se ha estado tan lejos de ponerse en actitud de diálogo. El procés catalán ha puesto en evidencia que el diálogo no resulta posible cuando no se juega el partido en el campo adecuado, cuando no se ponen las condiciones mínimas para poder establecer una comunicación que conduzca al diálogo.

El discernimiento es más que diálogo, es el procedimiento ignaciano para descubrir lo que hay que hacer en situaciones difíciles de la vida. El Papa Francisco ha popularizado mucho este término, desde antiguo usado en los tratados de espiritualidad y en el argot interno de los jesuitas. El término resulta huidizo en la práctica, porque se trata nada menos que de averiguar lo que conviene hacer en sintonía con la voluntad de Dios.

Aunque aplicar la teoría del diálogo y del discernimiento al momento actual de Cataluña y España resulta del todo utópico, pero para que resalte por contraste, sí puede resultar ilustrativo analizar las condiciones que debe tener el diálogo para que conduzca a un discernimiento de las decisiones que conviene adoptar en situaciones complejas y difíciles de afrontar.

[En este momento resulta asequible abordar esta materia, exponer las características del discernimiento, porque el actual P. General de los jesuitas, el venezolano Arturo Sosa, acaba de escribir un extenso informe de siete folios "sobre el discernimiento en común", una carta interna dirigida a los jesuitas del mundo para orientar el trabajo de descubrir las preferencias apostólicas universales que orienten el trabajo futuro de la Compañía de Jesús, cumpliendo las directrices dadas por la última y reciente Congregación General 36, en la que se realizó precisamente el nombramiento de este P.General].

Sin entrar en las cuestiones internas de los jesuitas, puede resultar útil exponer las características del buen discernimiento, para aproximar así esta visión al momento actual de España y dejar claro lo lejos que esta situación está actualmente de los planteamiento utópicos ideales.


Dos peligros a evitar
De dos peligros alerta este documento, para evitar caer en ellos durante todo el proceso del discernimiento.

El primero es decir que se pretende el diálogo, sin estar dispuestos a adoptar las posturas y las actitudes necesarias para ello. El documento dice que conviene evitar acudir al diálogo y al discernimiento por rendir tributo "a la moda de las técnicas de desarrollo corporativo". Decir que se pretende la búsqueda en común de una soluciones queda bien, y por esto se formulan muchas alusiones al diálogo sin entrar de verdad en un auténtico discernimiento de lo que conviene hacer.
La forma más frecuente de caer en el anterior peligro es plantear la necesidad de diálogo y discernimiento cuando ya se tiene adoptada la decisión sobre el tema que se pretende someter a revisión. Este es el segundo peligro que vicia de raíz cualquier intento de diálogo, el acudir a la reunión con la decisión ya cerrada, con las conclusiones finales ya previamente decididas por el grupo o la persona que presume de querer dialogar.

Sorprende la actualidad que tiene en el momento actual de España y Cataluña la concreción de estos dos peligros, formulados en un documento que no piensa para nada en la situación española.


Propiedades del discernimiento
Semejante cercanía a la situación actual española tiene la referencia a las propiedades que debe tener el proceso de un discernimiento.

Por lo pronto se repite siempre la fórmula de "discernimiento en común", pues no se trata de un proceso paralelo de dos personas o entidades que se sitúan unos en frente de los otros para defender las propias opiniones, sino que ambos participantes deben acudir para encontrar entre los dos el camino inmediato a seguir.

Enumero las características que debe tener todo este proceso, entrecomillando las citas literales del documento:

1. "Escoger bien la materia". No toda decisión requiere la práctica del discernimiento, pues para que este proceso resulte válido resulta preciso que se arranque "sin tener claro qué conviene hacer, cómo hacerlo o cómo hacerlo de la mejor manera posible". Por esto resulta imprescindible precisar bien el tema sobre el que se quiere dialogar. De esta forma "se evita la banalización de llamar "discernimiento" a cualquier modo de justificar decisiones".

2. "Saber quiénes y por qué participan". Todos -cada uno y los demás- deben saber y aceptar el tema y las condiciones del discernimiento, sin arrancar desde posturas desconocidas o diferentes.

3. "Libertad interior". Totalmente indispensable es acudir al proceso con "el desapego a lo propio para asumir el bien mayor de todos", dispuestos a "salir de su propio amor, querer e interés" [Ejercicios 189] y estar convencidos que se puede "crecer como personas (y entidades) en la relación gratuita con los demás".

4. ""Unión de ánimos"". Una expresión típicamente ignaciana para referirse a "la confianza de unos en otros para motivar la participación activa de todos".

5. "Conocimiento de cómo se discierne". El procedimiento ignaciano precisa con detalle las diversas formas de realizar el proceso de discernimiento. Sin entrar en su descripción técnica, sí conviene destacar la importancia que tiene para los participantes el conocer y aceptar las reglas del juego.

6 y 7. Poner todo en común. No se puede acudir al proceso con defensas y cortapisas, sino con total apertura a los demás. En el proceso ignaciano, encaminado directamente a buscar la voluntad de Dios, lo que hay que poner en común es "la oración" y lo que hay que practicar con los demás es la "conversación espiritual".

8. "Práctica sistemática del examen". El examen es también un termino ignaciano, pero aquí tiene el alcance más general de someter continuamente a revisión lo que el participante está haciendo o exponiendo.

9. "Establecer cómo se toma la decisión final". Muy importantes es esta última característica del buen proceso de diálogo y discernimiento: "desde el comienzo mismo del proceso debe establecerse con claridad y todos deben saber y estar de acuerdo en cómo se llegará a la decisión final"; es decir, no se pueden cambiar las reglas de juego durante el partido y hay que asumir desde el principio las formas de actuación establecidas.


¿Utopía imposible?
Con independencia del momento actual español, la exposición de las condiciones que debe tener el proceso de discernimiento tal como lo expone el documento de Arturo Sosa, tiene interés por sí misma.

Pero además, en la presente situación de España es bueno reflexionar si este proceso ideal de diálogo y discernimiento es una utopía del todo imposible o si es algo a lo que, en algún momento más o menos cercano, habrá que acudir para hacer posible una sana convivencia.

domingo, 22 de octubre de 2017

Distensión, 770 metros de bocadillo

 



          Una noticia distendida, en contraste con la fuerte crispación actual en Cataluña y en España.

          Un bocadillo superlativo, descomunal, ha puesto de manifiesto la capacidad para desconcertar que tiene la ciudad que lo ha puesto en la calle, Huelva. El suceso no es inmediato, sucedió hace ya días, pero fuera de Huelva lo que importa es el hecho, el sentido de la anécdota, no tanto la fecha.


770 metros de bocadillo
          El hecho es que Huelva ha puesto en la calle Concepción un bocadillo de 770 metros de largo, casi un kilómetro, la extensión de la calle más céntrica de la ciudad, para los que la recuerdan mal o no la conocen, desde la misma Iglesia de la Concepción hasta el lugar denominado El Punto.

         Todos los datos que envuelven este hecho desbordan a la imaginación más exaltada, más calenturienta. A lo largo de toda la calle se puso una alargadísima mesa gigante, una tirajala de mesa, desde un extremo al otro de la calle. Sobre ella, cubierta con limpios manteles de papel, se pusieron todos los instrumentos de la hazaña culinaria y callejera. Se emplearon en ella 1.000 barras de pan, 42 jamones de la tierra -traídos exprofeso desde la Sierra de Huelva- y cantidades proporcionales de tomate y aceite de una acreditada cooperativa también de la tierra, Olibeas.

         La iniciativa ha estado puesta en marcha y realizada por una Asociación de Calles y la Federación de Empresarios, contando con múltiple colaboración popular de todos los estamentos. Uno de los organizadores comentaba en Huelva Información: "Esto es una locura. No sólo es el bocadillo mas largo sino es el más bueno, porque es el mejor jamón que hay en el mundo".


Motivación altruista
          Este hecho merece atención, además de por ser curioso e insólito, por ser una manifestación hermosa de altruismo. Los consumidores que agotaron pronto el descomunal bocadillo, al retirar su pieza, introducían algún dinero en unas huchas preparadas al efecto. El resultado de esta macro-colecta estaba destinado a "Érase una vez", una Asociación local que se orienta realizar los sueños de los niños enfermos. Todo el inmenso despliegue se dirigía así a un objetivo benéfico. 150 voluntarios colaboraron además desinteresadamente en hacer todo lo necesario para convertir en realidad el ambicioso proyecto. Otro de los organizadores comentaba: "Aquí, en una cuna del jamón ibérico, que se haga un acto solidario con el producto estrella de nuestra gastronomía creo que es un placer para los sentidos".

          Sin ser ingenuos, hay que contar también con que la gente es siempre novelera, tanto los organizadores como los participantes, curiosos y consumidores. Había el expreso prurito de llegar al exceso, de conseguir salir en el guiness. Y había también una intencionalidad interesada. La Asociación de Calles pretendía traer gente al centro de la ciudad, para facilitar así el comercio urbano: "poner toda Huelva en la calle es una manera de potenciar el comercio del centro", comentaba otro organizador.

         Pero todo era contando con la colaboración de los voluntarios y orientado hacia una causa solidaria y altruista. En un momento crispado del país, cuando los intereses grupales hacen imposible la colaboración y están conduciendo España a un precipicio tan difícil de superar, viene bien centrar la atención en este hecho solidario, manifestativo de que la buena voluntad y el desinterés siguen funcionando y pueden convertir en realidad un bocadillos de 779 metros de largo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Cataluña, una Iglesia fracturada

 











Javier Novel, Obispo de Solsona, una diócesis situada en la provincia de Lérida, votó el referéndum del pasado 1 Octubre, como certifica la fotografía adjunta. Alrededor de 400 eclesiásticos catalanes -distintas versiones, sobre la cifra exacta- firmaron e hicieron público un escrito a favor del referéndum, pocos días antes de su celebración. Estas posturas, evidentemente, no coinciden con las de otros muchos miembros de la Iglesia catalana. La división de ésta es un hecho innegable, que merece alguna consideración.



Fracturación y división
El hecho de la fracturación y la división sobre un hecho claramente político, dentro de la Iglesia, no es a la fuerza un motivo para el escándalo.

José Joaquín Castellón, profesor de ética y durante un tiempo director del Centro de Estudios de Teología de Sevilla, ha publicado un oportuno artículo ("Fe cristiana versus nacionalismo", "Huelva Información" y otros periódicos de la Cadena Joly, 6 Octubre 2017), en el que resalta "la distancia que separa la fe cristiana de las ideologías políticas" y constata que "entre personas de una misma fe pueden darse posturas ideológicas distintas e incluso contrarias"; más concretamente, "un cristiano puede ser monárquico o republicano, independentista o no, la fe no define esas disyuntivas políticas"; tampoco determina el Evangelio "si es el pueblo catalán o es el pueblo español en su conjunto el que tiene derecho a definir su futuro político autónomamente". Expone el articulista su opinión personal contraria al referendum y al independentismo, pero dejando claro que "así lo creo, como ciudadano, sabiendo que mi postura es opinable, y que puede ser matizada: no reivindico para ella ningún aval sagrado, sólo razones morales y humanas".

Los alrededor de 400 que firmaron el manifiesto a favor del referéndum eran representantes de todo los estamentos del universo católico catalán: sacerdotes y diáconos de todas las diócesis catalanas, representantes de diversas congregaciones religiosas: jesuitas, claretianos, escolapios, franciscanos, capuchinos, salesianos y monjes de Monserrat; entre ellos representantes de las distintas curias episcopales, como vicarios generales o delegados diocesanos, arciprestes o profesores de teología, según el resumen del órgano eclesial Catalunya Religió. El breve manifiesto es moderado en la forma, pero radical en el hecho mismo de pronunciarse sobre el tema e incluso en algunas de sus concretas formulaciones. Afirman literalmente que, "valorando todas las circunstancias que han llevado al Gobierno de la Generalitat a convocar un referéndum de autodeterminación el 1 de octubre y, ante la imposibilidad de pactar las condiciones para hacerlo de forma acordada, consideramos legítima y necesaria la realización de este referéndum". Afirman también que "hacemos este pronunciamiento movidos por valores evangélicos y humanísticos" y "empujados por el amor sincero al pueblo al que queremos servir". Dicen hablar "en sintonía con nuestros obispos" y que, teniendo en cuenta "las legítimas aspiraciones del pueblo catalán", los firmantes han de "votar en conciencia, en ejercicio del derecho fundamental que tiene cualquier persona".

Por las afirmaciones más directamente religiosas de este manifiesto es por lo que el sacerdote y profesor de ética Sevilla; J.J. Castellón, estima que estos eclesiásticos "han cometido un abuso del Evangelio y una clara manipulación política del mismo". La crítica está hecha, no por hecho de que los firmantes estén a favor el referéndum o sean independentistas, sino por hacerlo como eclesiásticos y en nombre del Evangelio. Más que en la fracturación de la opinión, es en la forma clerical de manifestarla y en la misma motivación utilizada, donde se pone la crítica.


Intentos oficiales de unificación
En contraste con el verso suelto que manifiesta ser el obispo de Solsona y matizando mucho la opinión de los 400 firmantes de que actúan "en sintonía con nuestros obispos", se puede afirmar que los obispos catalanes han hecho un gran esfuerzo por mantener la unidad de la Iglesia.
Pocos días antes del referéndum, el 20 de septiembre, los obispos catalanes, en una breve "Nota" oficial, mostraron su deseo de ser "fermento de justicia, fraternidad y comunión", intentando salvar tres principios, en este caso muy difíciles de unificar: "avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derecho y las instituciones, y de la no confrontación".

El mismo sentido unificador tiene la también breve "Declaración" de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española que, unos días después, el 27 de septiembre, manifestó sus deseos de "hacer nuestros" los "deseos y sentimientos" de los obispos catalanes", repiten los tres caminos tan difíciles de unificar por los que los que los catalanes quieren avanzar y explicitan algún principio más, mucho más evidente desde Madrid: Es necesario que las autoridades, los partidos políticos y las organizaciones, "eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúen al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales", concretando al final que "todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución".

Las dos comunicaciones episcopales han sido muy breves, de no más de un folio.
Después de publicada la de Madrid, se ha repetido que al Gobierno español no le ha gustado, por afirmar que "la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos", aunque no se ha concretado cuando podrá resultar posible este recurso al diálogo.
 
Como ha señalado también con posterioridad el arzobispo de Oviedo, el franciscano Jesús Sanz, que es miembro de la Comisión que redactó la Declaración, "todos los temas" se han querido incluir, pero se ha hecho "de una manera tan quintaesenciada y tan neutral, que al final no ha convencido": "hemos hablado de una manera tan suave, tan respetuosa, que parece que estamos hablando de otra cosa distinta". La entrevista con este obispo es muy larga. Llega a calificar de "inmoral" el procedimiento tan engañoso que se ha seguido en todo este proceso, pero considera admisible que en temas políticos cada cual tiene derecho a defender su opinión. Admite que alguien pueda decir: "Yo quisiera una Cataluña sin España", siempre que otro pueda también afirmar: "Quiero una España con Cataluña". La entrevista termina con una simplificación: "¿Comete un pecado un catalán que defiende el separatismo?". La respuesta simplificada es la siguiente: "No, pecado no, porque es legítimo entenderte separado; eso no es ningún pecado, es una opción política. Pero si eso lo defiendes con mentiras, con violencia, con insidia, con corrupción, con malversación, eso es lo inmoral, eso sí es pecado" (Entrevista en La Nueva España, 30 Septiembre 2017).

Abiertos a un futuro distinto
La iglesia de Cataluña se ha fracturado, se ha dividido. Unos eclesiásticos han opinado en público en contra del parecer más común de sus propios obispos, contra el parecer también de muchos catalanes de a pie y, sobre todo, contra el parecer del resto del episcopado español y contra la opinión casi unánime del resto de los españoles.

Pero el mal tal vez no esté en que exista la fractura, porque en temas políticos no tiene a la fuerza que darse siempre y en todos los temas la unanimidad. Lo que se puede ahora lamentar es que las opiniones diversas se muestren con rotundidad y desde el Evangelio. Lo que habría que conseguir es que las opiniones diversas se formulen con respeto a las de los demás, abiertas a que algún día pueda resultar incluso posible el diálogo y el aun más difícil discernimiento.


martes, 26 de septiembre de 2017

Ha muerto Tuto Méndez, un gestor bueno

 

Restituto Méndez siempre fue conocido como Tuto Méndez.  La muerte de este jesuita merece un comentario porque, como gestor de actividades educativas, no sólo fue conocido en Andalucía, donde más trabajó, sino en otros puntos de España con los que estableció múltiples contactos.

Por lo pronto, hizo sus estudios de Filosofía en Cataluña, en San Cugat del Vallés, durante tres años que ya le pusieron en contacto con un mundo muy distinto al de su Estepona natal (nació en 1928) y al del Puerto de Santa María, donde vivió sus primeros años como jesuita.
 
Buen gestor
Tras el largo periodo de la formación jesuítica, ya en su vida de trabajo, lo que no tiene duda es que fue un admirable gestor. Ocupó casi todos los puestos directivos de la extensa actividad educativa desarrollada por los jesuitas en Andalucía, destacando por su eficacia en todos ellos.

Todavía joven, tuvo la acometida de reiniciar la enseñanza en el antiguo Colegio de San Luis de El Puerto de Santa María, donde durante toda la postguerra estuvo instalado el Noviciado de los jesuitas. Después, más de una decena de años plenos los dedicó a la jefatura de los estudios y la docencia en el colegio sevillano de Portaceli, unos años que no olvidan las numerosas promociones que pasaron por sus manos y que ocuparon después puestos importantes en la transición y primera democracia española.

Su gestión más importante estuvo en los prolongados años que dedicó a la máxima dirección de la SAFA, la red de 27 centros educativos especializados en la Formación Profesional que regenta la Compañía de Jesús por toda Andalucía, ocupando el puesto de Rector de esta Institución durante dos mandatos. Fueron años muy duros, en los que tuvo que transformar la ideología y la economía de esta Institución nacida en la primera posguerra a la normalidad de los años posteriores a Franco. Todavía dedicó años a la dirección de San José, otro centro también especializado en la Formación Profesional en Málaga, y al Colegio Universitario Loyola, adjunto a la Universidad de Granada.
Pero los años en los que tuvo más proyección exterior fueron lo que ocupó el puesto de Presidente en Andalucía de Educación y Gestión, la principal Patronal de los centros educativos concertados. Fueron años de muchas gestiones y mucho arte en los contactos con la Junta de Andalucía y de mucha relación también con todos los medios nacionales de la enseñanza.

El paso exitoso por todos estos puestos directivos deja clara la eficacia de su función como gestor de actividades e instituciones, su alta calidad como ejecutivo.


Persona imprevisible
Restituto Méndez estaba licenciado en Química, y esta licenciatura le proporcionaba el rigor intelectual de un científico, pero no llegaba a anular la natural improvisación que frecuentemente dimanaba de su rica personalidad. Porque lo que tampoco resulta dudoso en su vida es que era una persona imprevisible.

A un directo colaborador suyo en la gestión de la SAFA le oí el comentario de que viajar con Tuto –para la visita de los Colegio de la Institución, en la extensa Andalucía- suponía no saber a qué hora se iba a comer ni cuándo se iba a regresar. Improvisaba sobre la marcha visitas y actuaciones, no sabiendo los que le acompañaban por dónde podía tirar. Un comportamiento típico suyo es el que tuvo con el P. José Mª Velaz el fundador de Fe y Alegría, la gran institución de enseñanza de toda Latinoamérica, que vino desde Venezuela para conocer la SAFA: la visita que Tuto le organizó improvisadamente duró días, en lugar de las pocas horas que inicialmente estaban previstas.

Justo es reconocer que sus menos esperados comportamientos, en ocasiones, sorprendían mucho a los que los experimentaban, sobre todo a los que le conocían menos o le trataban sólo desde la distancia. Pero había un interior más profundo.


Hombre bueno
Por encima o por debajo del desconcierto que para algunos podía suponer ocasionalmente su conducta, el trato de Tuto con los demás era siempre afectuoso. Era de las escasas personas que trataba por igual al rico y a las altas autoridades con las que frecuentemente trataba que al pobre y a los últimos empleados de los colegios. Era cariñoso con todos.

Por esto sus imprevistas salidas ocasionales no ofendían, porque subyacía el cariño y el trato afectuoso a los rasgos en ocasiones extemporáneos de su comportamiento. En todos los cargos y por todos los sitios por lo que él pasó dejó buenos amigos, señal inequívoca de que la bondad era lo más hondo de su carácter.

Con la muerte de Restituto Méndez ha desaparecido un eficaz y original gestor, pero sobre todo un hombre bueno. Descanse en paz.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Fanatismo, una tentación

 


Un recuerdo muy lejano, del País Vasco. Cuando la ETA estaba en todo su esplendor, con actividades y presencia en la prensa casi todos los días, le oí una vez a un Hermano Jesuita, puramente vasco, malhablando un castellano lleno de infinitivos y monosílabos:

- ETA, sí tener vocaciones. Nosotros, no.

Se dolía el Hermano de la falta de vocaciones a la Compañía de Jesús, en un tiempo en que el entusiasmo por la ETA prendía fuerte en los jóvenes.

Muchos años después, la Compañía de Jesús ha persistido, sin que le falte un pespunte anual de vocaciones, y la ETA ha desaparecido.

El fanatismo es tentador y seductor. Prende fácilmente en los jóvenes y en el pueblo, todos atraídos por su radicalismo, por sus ideas extremas presentadas sin matices.


El yihadismo, también entusiasma
He recordado mucho la anécdota del Hermano vasco, al comprobar el entusiasmo que el yihadismo ha logrado provocar en los jóvenes musulmanes catalanes. Javier Cercás ha intentado acercarse a la mentalidad de estos jóvenes: "adecuadamente envenenados por una ideología, las mejores personas pueden cometer las peores maldades", es el resumen de su artículo (Carta robada en Ripoll, El País Semanal, 10 Septiembre 2017).

Las ideas radicales prenden en los jóvenes, provocan vocaciones . Ha causado general sorpresa el conocer que un imán logre convencer y radicalizar a unos jóvenes, estimados casi como modélicos por sus compañeros de clase españoles. El fenómeno, con todo, está ahí, se ha producido de hecho. Las fanáticas ideas extremadamente radicales se han hecho carne en estos jóvenes y les han dinamizado a realizar lo que para los demás parecen atrocidades.


Difíciles límites del fanatismo
El problema está en que las fronteras del fanatismo no están bien delimitadas. No están bien definidos los límites entre el extremismo -más o menos radical- y el fanatismo.

Al fanático le da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) dos acepciones: 2. El preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa. 1. El que defiende con tenacidad desmedida y apasionadamente, creencias u opiniones religiosas.

¿Cuándo se dan estas condiciones extremas? Actualmente, es un hecho que las instituciones religiosas más severas y extremas (mantenimiento del hábito o la sotana, literalismo en la interpretación de las reglas y constituciones, acortamiento de las relaciones con la familia, rigor en la moralidad, etc.)provocan más seguidores y vocaciones que las que han suavizado toda la normativa para intentar acercarse más a la modernidad. Así, las Hermanitas de la Cruz, las Religiosas que estaban en Lerma y han constituido ya su propia Congregación, los mismos Neocatecumenales o el Opus Dei. Es claro, con todo, que todas estas instituciones, siendo ortodoxas dentro de la Iglesia y no cayendo por tanto en el fanatismo, se inclinan más por la severidad y el extremismo que por la acomodación y la suavidad, aunque algunos casos extremos de fanatismo sí ha habido que han caído en la total descalificación.

La no definición clara de fronteras entre el fanatismo y el extremismo dificulta los diagnósticos, pero la tensión entre estos dos extremos ofrece pistas para la interpretación y valoración de las realidades concretas.


Realidad catalana actual
¿Es el fanatismo la clave para interpretar la actual situación de Cataluña? Ciertamente, la interpretación de la legalidad que ahora están aplicando los gobernantes de Cataluña se ha convertido en extrema, creando una normativa al margen y en contra de la que ha sido hasta ahora legalidad de todos los españoles (aunque ellos digan que los fanáticos son los que no aceptan sus extremas líneas de actuación). Dice el DRAE que "fanatizador" es "el que fanatiza" y que "fanatizar" es "provocar o sugerir el fanatismo". ¿Es esto lo que está ocurriendo ahora en Cataluña? ¿Es el fanatismo la clave para entender lo que allí está ocurriendo?

El tiempo dirá la última palabra. La ETA, la que generaba más vocaciones, ha dejado ya prácticamente de existir. Los jóvenes yihadistas extremos han muerto o están en la cárcel. El fanatismo, a la larga, no sigue adelante, no triunfa. El tiempo dirá rotundamente dónde está ahora el fanatismo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Procesión de la Patrona

La solemne procesión de la Patrona de Huelva por las calles de la ciudad es un acontecimiento destacado, que me ha impresionado mucho. En estos días, se celebran además procesiones patronales en otras muchas ciudades. El fenómeno desbordante merece una reflexión.


Manifestación ciudadana
La procesión de la Virgen de la Cita, Patrona de Huelva, se ha celebrado en el 25 Aniversario de su coronación canónica, como culminación del Año Jubilar en el que se ha podido ganar el Jubileo Canónico durante todo el año. Una ocasión especial, que no se repite cada año, en el que la Patrona ha procesionado por la calles de la ciudad, hasta la Plaza de la Constitución y el Ayuntamiento, para recibir allí un homenaje popular y ciudadano, y volver después a la Catedral, a la que había sido traslada desde su ermita hace pocos días para la celebración de una solemne novena. La ida y la vuelta, desde la ermita hasta la catedral y desde la catedral de nuevo a su ermita, ha paseado dos veces más a la Virgen por las calles de forma también multitudinaria.

Los detalles de esta procesión son privativos de la ciudad de Huelva, pero el fenómeno masivo de una procesión patronal ofrece un interés más universal. La manifestación popular que supone una procesión patronal se repite en otros muchos lugares.

Por lo pronto, impresiona la majestuosidad de la comitiva. Tras la cruz de guía y una primera numerosísima banda de música, sigue el desfile de todas las hermandades y asociaciones religiosas de la ciudad. Esto es tal vez lo que más impresiona, no sólo por las muchas decenas de estandartes e insignias desfilantes, sino por las personas que acompañan a cada institución. En esta larguísima comitiva desfilaban probablemente varios miles de personas. La representación en algunos casos era exigua, pero en la mayoría era muy numerosa, y siempre iban todos los participantes elegantemente vestidos, en muchos casos con trajes de gala los hombres y con peineta y mantilla las mujeres. (El largo recorrido de muchos centenares de metros de esta comitiva tan numerosa ya invita a la reflexión de por qué tanta gente se siente motivada para engalanarse de esta forma en una tarde todavía de verano). En la procesión sigue la representación escalonada de las diversas autoridades militares y civiles -el Alcalde socialista, con impecable chaquet y cortejado por maceros-, para terminar con la representación de la Junta de la Hermandad de la Cinta, en el momento actual Comisión Gestora. Tras el grupo de turiferarios y la nube de inciensos, el paso con la pequeña imagen de la Virgen de la Cinta -imagen de procesión, pues el original de la Virgen de la Cinta es un cuadro-, constantemente mecida por los costaleros escondidos bajo el paso. (También los costaleros plantean el interrogante sobre el por qué de su interés y de su hercúleo esfuerzo). Al final, el Obispo revestido y acompañado de dos sacerdotes clausura todo el cortejo.


Esta procesión es evocada al día siguiente por el periódico local Huelva Información con destacada llamada y foto en primera página, más cuatro páginas interiores completas, con información escrita y reportaje gráfico de 11 fotografías (de él, las aquí reproducidas). El tono de texto informativo bordea la épica: "La Virgen de la Cinta lució todo su esplendor en una procesión histórica por las calles céntricas de la capital en la antesala de su festividad (el 8 de septiembre es la fiesta, y el 7 fue la procesión). Un recorrido histórico en un marco incomparable... La Virgen aparecía engalanada con 2.000 nardos, rosas de pitiminí en las jarras y variedad de rosas en las esquinas... La Patrona llevaba la Medalla de la Ciudad que se le impuso el día de su coronación... El Niño llevaba la Medalla del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva... La hora no entiende minutos ni de colores en el cielo...".


¿Qué significa todo esto?
La interpretación de todo este fenómeno popular de Huelva, y el de manifestaciones similares en otras muchas localidades en estos días, no resulta nada fácil.

No resulta procedente ni el panegírico que no contempla las sombras, ni la visión negativa y completamente descalificadora que sólo ve fanatismo o nacionalcatolicismo en todo esto. Las valoraciones extremas no son válidas para la interpretación de este complejo fenómeno.

Un primer aspecto parece claro. Una manifestación de este tipo es religiosa, pero desborda también el ámbito de lo religioso. Todos los miles de participantes en la procesión, desde el Obispo hasta el último monaguillo, no tienen evidentemente el mismo sentido de lo religioso. La interminable comitiva de todas las hermandades y cofradías, lo mas impresionante de todo el cortejo, aportan sin duda una muestra del poderío que en Andalucía tienen estas organizaciones; pero resulta obvio que la participación de todas esta personas no es homogénea, que al amor a la Virgen de la Cinta y a la propia Hermandad se unen también sentimientos y afanes de índole menos religiosa.

Tampoco resulta procedente demandar de los actos de religiosidad popular una integridad que no se exigen de otras manifestaciones religiosas: bodas, Primeras Comuniones, Bautizos o incluso las Eucaristías. Nada es del todo puro, y ninguna manifestación de religiosidad lo es tampoco. La religiosidad popular requiere mucha comprensión sobre la complejidad de sus contenidos.

La ocupación de la calle por un acto religioso, también necesita ser comprendida. El que un gobierno o una autoridad se deba mantener oficialmente de manera religiosamente no confesional, no debe conducir a afirmar que lo religioso no tenga derecho a ocupar ocasionalmente la calle. Lo que se otorga a lo político, a lo sindical, a los defensores de género, a los y las feministas, a los anti-taurinos o a los defensores de cualquier derecho laboral o ciudadano, también tiene derecho a participarlo los defensores de un valor religioso. No hay de ninguna manera que mantener que la religión se deba mantener sólo en las iglesias o en las sacristías. Lo religioso tiene el mismo derecho a ocupar la calle y a manifestarse en público que cualquier otra actividad u opinión humana. Las autoridades no confesionales, incluso, podrán participar en ellas cuando estimen que el tema merece apoyo humano, como ha ocurrido hace pocos días en Barcelona.

En resumen, la procesión de la Virgen de la Cinta ha sido un acto bello, seriamente organizado y rebosante de valores religiosos, populares y ciudadanos. Pero sólo Dios, por supuesto, podrá entrar a juzgar el nivel de profundidad religiosa de cada uno de los participantes.